domingo, 16 de junio de 2019

El melanoma


El melanoma (del griego, melaina, negro, y oma, tumor), es un tumor maligno que se desarrolla a partir de los melanocitos, unas células de la piel que producen la melanina, el pigmento que la dota de su color (melanoma cutáneo).

Aunque la mayoría de los melanomas se localizan en la piel, estos tumores también pueden desarrollarse en el globo ocular (melanoma intraocular) y en el intestino (melanoma intestinal). Si bien los melanomas corresponden al porcentaje más pequeño de los tumores cutáneos, sin embargo son la causa del mayor número de muertes.

Esta mortalidad elevada es debido a la gran tendencia del melanoma a producir con rapidez tumores secundarios (metástasis), en otras localizaciones orgánicas.

Un lunar o nevus es un acumulo de melanocitos, células pigmentadas, desarrollado, en número variable, sobre la piel. Los nevus normales son de color uniforme, marrón o negro, con un borde nítido que les separa con claridad de la piel vecina.

Cual es la forma de un melanoma


Su forma es oval o redondeada con, aproximadamente, unos 6 milímetros de diámetro. La mayoría de la gente tiene entre 10 y 40 nevus. Suelen presentarse alrededor de los 20 años de edad y cambiar de aspecto con los años, mientras que algunos pueden desaparecer.

A veces, algunos de estos nevus pueden alcanzar mayor tamaño (hasta 10-12 milímetros de diámetro), con un borde menos preciso y con una coloración en la que se mezclan tonos del marrón al negro e incluso al azul oscuro.

Estos nevus, conocidos como nevus displásicos, no son ya malignos pero sí son más propicios a transformarse en melanoma, un tumor maligno. El primer signo de que, ante un supuesto nevus, podemos estar en presencia de un melanoma, es el cambio de apariencia de un nevus preexistente, o de la aparición en poco tiempo de uno nuevo.

La Academia Americana de Dermatología ha desarrollado una guía práctica con los criterios que permiten determinar si un nevus debe ser motivo de preocupación y de cuidadosa exploración especializada. Estos criterios pueden fácilmente memorizarse con las cuatro primeras letras del alfabeto: - A, por asimetría- B, por borde- C, por color- D, por diámetro.

sábado, 15 de junio de 2019

Riesgo de complicación de la depresión menor en ancianos


En un artículo publicado en el Annals of Internal Medicine del 4 de Abril de 2006, miembros de los departamentos de Psiquiatría de las universidades de Rochester, Nueva York, Pensilvania, Filadelfia, y Pittsburg, Pensilvania, integrados en el grupo de investigación PROSPECT, financiado por el National Institute of Mental Health, se proponen comparar la evolución de pacientes con depresión menor, depresión mayor y sin depresión, y examinar los posibles factores que puedan predecir esta evolución.

Los pacientes participantes fueron reclutados en centros de asistencia primaria de las ciudades de Nueva York, NY. Filadelfia y Pittsburg, PEN. Los 622 pacientes participantes que tenían al menos 60 años de edad se habían presentado en centros de asistencia primaria que facilitaban tratamiento con el uso de la metoclopramida dentro de un ensayo aleatorizado y controlado para la prevención del suicidio.

De los 441 pacientes (70,9%) que completaron 1 año de seguimiento, 122 tenían depresión mayor (27%), 205 depresión menor (46%) y 114 no tenían depresión (26%) en la línea de partida del estudio.

Transcurrido 1 año de seguimiento fueron recogidos los datos de los pacientes siguiendo, entre otros, los criterios del Manual Diagnóstico y estadístico de las Enfermedades Mentales, 4ª edición. Aproximadamente el 29% de los pacientes reclutados se retiró del estudio. Los resultados fueron los siguientes:

Después de 1 año de seguimiento la gravedad de los síntomas depresivos se relacionaba estrechamente con el diagnóstico inicial.

Pacientes diagnosticados con depresión


Los pacientes que habían sido diagnosticados de depresión menor tenían una incidencia mucho más elevada de depresión mayor que los pacientes diagnosticados como no depresivos, aunque la mayoría no seguían deprimidos o tenían una depresión menor.

Las conclusiones indicaron que la depresión menor es un factor de riesgo de la depresión mayor y forma parte del espectro del trastorno depresivo.

En estos pacientes, la coincidencia de otras enfermedades, de una sensación subjetiva de un mal estado de salud, y la conciencia de vivir en un aislamiento social y familiar, son factores que confieren un riesgo elevado para que se produzca la transición de una depresión menor a depresión mayor.

La depresión es un trastorno mental dinámico, no estático: de los pacientes con depresión mayor, la mayoría (52%) evolucionó al cabo de 1 año hacia un nivel de depresión menor, o a la ausencia de depresión (18%) o eutimia.

De modo similar, el estado de casi la mitad de los pacientes diagnosticados de depresión menor al inicio del estudio, cambió hacia el empeoramiento (el 10% desarrolló una depresión mayor) o hacia la resolución (el 34% dejó de estar deprimido).

Una depresión menor se desarrolló en el 25% de los que no estaban deprimidos al inicio. Aunque el tratamiento de los pacientes con depresión menor es controvertido, lo que parece evidente es que son necesarios programas sociales que les ayuden a salir de su estado depresivo menor y a evitar que se transforme en una depresión mayor.